El solo afán de intentar llevar a un libro lo inaudible, lo invisible, de que lo increado creador adquiera un sentido, nos dice que ese combate con el dragón tiene que estar más allá de las columnas, que será en una era imaginaria, que se aposentará en la sobrenaturaleza. Así como en alguna leyenda medioeval se afirma que el demonio gusta de dormir a la sombra del campanario, lo increado creador gusta de hacer el día en la biblioteca, porque la biblioteca ha comenzado por ser un inaudible, un invisible y así la naturaleza volverá a encontrarse en la sobrenaturaleza. language as material, language as process, language as something to be shoveled into a machine and spread across pages, only to be discarded and recycled once again. Language as junk, language as detritus. Nutritionless language, meaningless language, unloved language, entartete sprache, everyday speech, illegibility, unreadability, machinistic repetition.As the conceptual writer sees it, we are all text-producing, text-consuming creatures, even before we are creatures who have love affairs or family crises or creatures who have lyrical experiences looking at trees. What literature can't do to our modern satisfaction by describing or evoking the things of our world, it can do by taking into itself a large part of the stuff that's actually in that world: tax forms, chats, indexes, letters, daily speech, radio jabber, e-mails, everything that's ever been on the internet, even literature itself. For those who are still looking for a literary art that
Hemos perdido también el sentido vivencial de algo tan decisivo para el hombre como la hoguera, la copa de agua, el espejo o la espada, como es el alfabeto, resguardo para que las caravanas no se pierdan en el desierto. Con el recuerdo de la casa, el río, las plantaciones, el toro, en el alfabeto encontramos las cinco letras aportadas por la poesía. Son signos no descifrables, no deben ser signos de reminiscencias de figuras, como símbolos de la pervivencia del secreto reto atesorado en un alfabeto. Es la ofrenda de la poesía, cinco letras desconocidas, errante análogo de lo estelar con lo telúrico, de la nube entrando en el espejo. Eran las letras que están en el fondo y saltan como peces cuando bebemos agua en el cuenco de la mano. Nunca un sentido directo e inmediato de catequesis, pues nadie ve por qué se le indique en la dirección del índice, sino cuando se nos caen las escamas de los párpados y el ojo refractante del pez deja paso al ojo penetrado por el rayo del hombre. Cuando me entero de la condicional de un rastreador, pido idéntico pulso para el escriba. Conoce el peso de la hoja y sus destrezas al caer, relacionados con la cercanía del arroyo, el mugido aconsonantado con el corpúsculo del desierto, la recurva secreta del tigre para huir del nido de serpientes. Así, descubrir en una sentencia la intención de nuestros pasos, no olvidar tampoco cuando digo “la espiral del tiburón, primer requiem” que en francés se le dice al tiburón requin. Por los ojos es lentísimo, muy despacioso, adormilado, se oye un requiem mozartiano, de pronto un coletazo, una desdeñosa sabiduría mandibular. ¿Misión de la literatura? Quitarle horas al sueño y profundizar el sueño. Llegar como Marco Polo a Kubla Kan. Como Coleridge, ensoñar a Kubla Kan. Buscar el camino del caballo como en la cultura china y encontrar el de la seda. Quedarse absorto,
